LA ESCLAVITUD DEL SIGLO XXI: SOMOS ESCLAVOS Y NI SIQUIERA NOS DAMOS CUENTA

Las formas contemporáneas de esclavitud a veces no distan mucho de las prácticas llevadas a cabo durante los siglos de la colonización de África y América Latina. Aún hoy en día existe el reclutamiento y trabajo forzoso, el tráfico de personas, el trabajo infantil y la servidumbre.

El artículo 4º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos reza  (aprobada  en 1948):

“Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre ; la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas”. 

Pero hay otro esclavo que esta mucho mejor preparado,  ese que  desde la infancia va   a estudiar  a la escuela y termina en la universidad, durante ese tiempo nos preparan para mantener y sostener  de forma inteligente, el sistema en que vivimos  ya sea  capitalista o socialista.

El auge de las empresas transnacionales y la obsesión por parte de las multinacionales de abaratar costes ha traído de la mano una forma de esclavitud mucho más sutil en la que ni siquiera los que la padecen se reconocerían como esclavos. Hablamos de las jornadas de trabajo interminables, de los contratos precarios y de las condiciones laborales indignas a los que millones de trabajadores están sometidos en la actualidad.

La esclavitud contemporánea, en todas sus formas, tiene su base en la discriminación racial, étnica, de género y en los movimientos migratorios; tiene como factor que la sustenta la extrema pobreza por parte de los explotados, y las ansias de dinero y poder por parte de los explotadores; y cuenta como mejor aliado con la impunidad, gracias a la cual mafias y grupos organizados actúan a sus anchas en todo el mundo.

La esclavitud no es una cifra, ni un fenómeno, sino una lacra que encierra historias con nombre y apellidos, caras y rostros: personas que dejan su país en busca de una vida mejor y acaban siendo víctimas de la compra/venta de seres humanos; mujeres que son forzadas a trabajar en el servicio doméstico, a prostituirse o contraer matrimonio con quienes no desean; niños que, por ser considerados mano de obra barata, trabajan de sol a sol, asumen trabajos de gran riesgo o son obligados a empuñar un arma.

Las víctimas de estas situaciones se enfrentan no sólo a su propia situación personal sino también a la invisibilidad social de sus historias y situaciones. Por ello, es más que pertinente recordar que, aunque la esclavitud fue legalmente abolida a lo largo del siglo XIX, a día de hoy se sigue practicando de facto en todo el mundo.

Todos somos testigos de ello, y, por tanto, responsables de su legitimación.

Empresas y consumidores, entidades sociales y organismos internacionales, Gobiernos y legisladores: todos somos responsables de que la esclavitud perdure en pleno siglo XXI.

por que denunciamos  todas estas cosas? muy simple, nos han apartado  de nuestro verdadero camino,  de nuestro verdadero  objetivo:

 LA ILUMINACION,  ese,  es el unico y verdadero finalidad de la vida,   conocer la verdad de la existencia.

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