Israel libra una guerra contra los científicos iraníes

Majid Jamali Fashi

Con el comienzo en Teherán del juicio de Majid Jamali Fashi, asesino confeso del físico iraní Massoud Ali Mohammadi, se ha hecho más luz sobre la secreta pero intensa guerra israelí contra los científicos iraníes.

En medio de la confusión, la especulación desenfrenada y la propaganda, hay dos cosas claras. Ante todo, los cuatro años de la campaña de asesinatos israelíes revelan la debilidad de las medidas preventivas de la seguridad en Irán. Segundo, si la campaña sigue al mismo ritmo, Irán se sentirá cada vez más presionado para contraatacar.

Héroe póstumo

De muchas maneras, Ali Mohammadi corresponde al perfil de las docenas de científicos iraníes escogidos como objetivos para ser reclutados, presionados o en su caso asesinados por los servicios de inteligencia occidentales e israelíes. Con una larga y distinguida carrera académica, durante la cual publicó 53 artículos de investigación en revistas académicas estudiadas por expertos, Ali Mohammadi también participaba en proyectos no declarados que obviamente tenían un inmenso interés para los servicios de inteligencia.

Teórico del campo cuántico y profesor de física de partículas elementales en la Universidad de Teherán, Ali Mohammadi fue asesinado mediante una motocicleta bomba el 12 de enero de 2010, directamente frente a su casa en el vecindario Gheytariyeh del norte de Teherán.

Aunque no se sabe de vínculos declarados de Ali Mohammadi con el programa nuclear de Irán o cualquier otro proyecto confidencial, en el proceso de su presunto asesino se hizo obvio que estaba involucrado en trabajo que se consideraba de gran importancia nacional.

Su acongojada viuda, Mansoureh Karami, hizo una emotiva comparecencia en el juicio en la que expresó su desprecio por Israel y los métodos terroristas empleados por los servicios de inteligencia del Estado judío y terminó declarando que el único crimen de su esposo había sido su gran “amor” por su país y su gran dedicación a  éste.

Aunque sea pura especulación, la descripción que hizo Karami de su esposo podría ser una admisión calculada por la familia del difunto Ali Mohammadi de que el físico podía estar involucrado en un trabajo que iba más allá de su puesto académico y sus intereses declarados.

En la secuela inmediata del asesinato de Ali Mohammadi hubo intentos de vincularlo al opositor movimiento “Verde” por medio de informes que aseguraban que el científico tenía puntos de vista “reformistas” y que había firmado una petición al respecto. La implicación de esos informes y rumores esencialmente especulativos era que el gobierno iraní había organizado el asesinato del científico.

Pero incluso si Ali Mohammadi hubiera sido reformista y partidario del movimiento “Verde”, no existe ninguna contradicción entre esa posición y un fuerte compromiso con la República Islámica y sus objetivos. Por cierto, la mayoría de los reformistas y los sectores dominantes del movimiento dirían lo mismo.

Las afirmaciones de que Ali Mohammadi fue asesinado por el mismo gobierno que lo empleó y lo mantuvo durante décadas nunca fueron tomadas en serio por los observadores informados, los analistas y los medios occidentales dominantes. El consenso fue que de alguna manera estaba conectado con programas nucleares o de defensa confidenciales de Irán y que fue atacado por servicios de inteligencia occidentales, y con mayor probabilidad, israelíes.

El Daily Telegraph, basado en Londres, publicó un artículo sobre la guerra secreta de asesinatos de Israel contra científicos iraníes en febrero de 2009, casi un año antes del asesinato de Ali Mohammadi.

Si Massoud Ali Mohammadi era el tipo de científico escogido como objetivo por los israelíes, su asesino confeso Majid Jamali Fashi también es típico del tipo de agente y saboteador reclutado por el servicio secreto israelí Mossad. Joven, versátil y atrevido, no se sabe que haya estado involucrado en política. Según él mismo admitió, recibió 120.000 dólares por sus servicios a la inteligencia israelí y le prometieron otros 30.000 dólares por matar a Ali Mohammadi, pero Fashi afirma que los israelíes no pagaron su deuda.

Desde las primeras instancias del juicio resulta que Fashi, un iraní, fue reclutado en el consulado israelí de Estambul (Turquía) y que gran parte de sus primeras tareas y adoctrinamiento tuvieron lugar en esa ciudad. Sin embargo, también encontró a agentes de inteligencia israelíes en Bakú (República de Azerbaiyán) y Tailandia. En una etapa lo llevaron en secreto a Israel para entrenamiento intensivo y preparación de su campaña de asesinato dentro de Irán.

Según su relato en su juicio, en Israel le presentaron información detallada y en algunos casos superflua sobre el objetivo previsto (incluidos el color y el tamaño de la alfombra de su casa), a pesar de que la ubicación precisa del objetivo no le fue revelada hasta tres días antes de la operación.

Una maqueta de la casa de Ali Mohammadi se utlizó en el entrenamiento, y Fashi practicó la colocación precisa de la motocicleta bomba delante de la casa del científico.

De la evidencia presentada en su juicio, parece que Fashi era un agente solitario carente de una red de apoyo dentro de Teherán. La asignación de tareas parece que se realizó a través de un teléfono móvil y de correos electrónicos a un laptop encriptado. Afirma que no conoció la identidad de su objetivo hasta después del asesinato.

Su afirmación de que lamenta sus acciones, de que se deprimió después descubrir la verdadera identidad de su objetivo y de que después se negó a realizar más asesinatos, llevando así a sus amos israelíes a abandonarlo, debe tomarse con cuidado. Según la evidencia disponible, los actos asesinos de Fashi solo terminaron después de que las autoridades iraníes lo identificaran y lo arrestaran.

Ciencia bajo ataque

Las fuentes de Asia Time Online en Teherán han confirmado el relato presentado en el proceso subrayando que la inteligencia israelí utiliza agentes solitarios altamente entrenados para atacar a científicos de Irán.

Los métodos de comunicación se mantienen lo más simples posibles en la creencia de que como los agentes no son conocidos por la inteligencia iraní, los modos públicos de publicación (como la asignación de tareas por teléfono móvil) no provocarán su detección, y al mismo tiempo métodos más encubiertos de comunicación probablemente alertarán a los servicios de inteligencia iraníes de las actividades de esos agentes.

Según fuentes de Asia Times Online, los servicios de inteligencia iraníes creen que por lo menos una docena de agentes que corresponden al perfil de Fashi han sido entrenados por los israelíes y están activos en Teherán.

Aunque se invierten los máximos esfuerzos en identificar e interceptar a esos agentes antes de que ataquen, prácticamente es inevitable que asesinen a más científicos iraníes antes de que los servicios de inteligencia iraníes controlen el problema o, lo que es más probable, logren disuadir a los israelíes de continuar con la campaña de asesinatos.

El asesinato de otro científico, Daryoosh Rezainejad, el 23 de julio, subraya la gravedad del problema y la ferocidad y determinación con la cual los israelíes prosiguen su guerra clandestina contra los científicos iraníes. Aunque no se sabe mucho de las actividades científicas no declaradas de Rezainejad, es probable que haya participado en proyectos confidenciales que según muchas naciones apuntan al desarrollo de armas nucleares. Irán ha asegurado permanentemente que su programa nuclear solo tiene fines pacíficos.

A pesar de la propaganda oficial, por lo menos en esta etapa, la inteligencia iraní no cree que la CIA estadounidense esté activamente involucrada en el asesinato de los científicos iraníes. La evidencia existente sugiere que la campaña está planificada y dirigida solo por la inteligencia israelí.

Pero se cree que la información detallada que guía esos asesinatos proviene de una variedad de fuentes, que representan efectivamente los esfuerzos combinados de acumulación de información de los principales servicios de inteligencia occidentales.

Los israelíes parecen conocer todos los detalles pertinentes sobre sus objetivos, y mucho más, incluyendo el tipo y color de los muebles de sus casas. Aunque muchos dudan de la eficiencia y determinación de los servicios de inteligencia israelíes, el tipo, la cantidad y la amplitud de la información recolectada apuntan a esfuerzos combinados de varios servicios nacionales de inteligencia y parecen sugerir que esos servicios han desplegado toda la gama de su capacidad de espionaje contra la infraestructura científica de Irán, especialmente sus componentes vinculados a proyectos de seguridad nacional.

Por ejemplo, toda la dimensión de la red social de los objetivos solo puede establecerse de un modo fiable (por lo menos desde lejos) por el mapeo de teléfonos móviles. Se cree que esta tecnología en su forma más sofisticada, y la pericia técnica y analítica que subyace a su operación, se encuentra exclusivamente en la organización de la infraestructura de señales anglosajona (sigint), es decir la Agencia Nacional de Seguridad de EE.UU. y la Oficina Central de Comunicaciones del Gobierno de Gran Bretaña.

No está claro en esta etapa bajo qué condiciones y líneas directrices los servicios de inteligencia occidentales suministran datos básicos sobre científicos iraníes a los israelíes y, crucialmente, si esos servicios aprueban tácitamente la campaña de asesinatos.

La guerra de Israel contra los científicos iraníes comenzó en enero de 2007 con el envenenamiento del científico nuclear Ardeshir Hosseinpour. La campaña se aceleró con el asesinato de Ali Mohammadi en enero de 2010. A finales de noviembre de 2010, los israelíes asesinaron al ingeniero nuclear Majid Shahriari y el mismo día un asesino entrenado en Israel intentó asesinar al importante científico nuclear Fereydoon Abbasi-Davani.

En un desaire calculado a la inteligencia israelí y occidental, este último fue nombrado jefe de la Organización de Energía Atómica de Irán en febrero de 2011.

La siguiente víctima de la inteligencia israelí fue Daryoosh Rezainejad a finales de julio. A Rezainejad lo mataron a tiros frente a su mujer y a su hijo delante de un jardín infantil en el este de Teherán.

El estilo y la manera en la que se realizaron estos asesinatos, especialmente el último, subrayan los procedimientos increíblemente lamentables de seguridad preventiva de Irán. Al parecer se permite que científicos muy importantes, involucrados en trabajo confidencial, vivan su rutina diaria sin ninguna seguridad evidente u obstáculo, llevando así a que sean objetivos fáciles para los equipos de asesinato israelíes.

Aunque existen planes para introducir procedimientos de seguridad preventiva estandarizados para importantes científicos iraníes, su implementación será difícil por dos motivos decisivos. Primero, la naturaleza de la cultura iraní, sobre todo su enfoque en la socialización y la importancia de amplios vínculos familiares y de amigos, es una barrera para las medidas de seguridad preventiva, que exigen necesariamente un cierto aislamiento social y recelo. Segundo, la seguridad preventiva puede potencialmente destruir la cobertura de esos científicos y alertar a sus amigos y familiares respecto a su trabajo no declarado.

Parece que la forma más efectiva de proteger las vidas de los más talentosos de Irán sería la disuasión en la fuente, en vista de las dificultades involucradas en la introducción medidas de seguridad preventiva estandarizada.

Aunque los israelíes no pueden pensar de forma realista que tendrían una capacidad para dañar seriamente la infraestructura nuclear y científica más amplia de Irán mediante una campaña de asesinatos, se cree que esperan perturbar a la comunidad científica de elite de Irán sembrando el miedo y el terror, a fin de forzar a algunos de esos hombres y mujeres a abandonar su trabajo.

En vista de lo que está en juego y la revulsión registrada en toda la sociedad iraní ante el asesinato de los mejores cerebros del país, solo es cuestión de tiempo que Irán se vea obligado a contraatacar.

Mahan Abedin es analista de política de Medio Oriente.

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