La falsa base secreta marciana: así la creó la informática y se tragaron el cuento algunos medios

El astronauta de sillón, como se califica a sí mismo, David Martines anunció hace diez días con un vídeo en YouTube que había encontrado “por accidente” gracias a Google Mars, la versión de Google Earth para el planeta rojo, una misteriosa estructura rectangular de origen artificial en Marte. “La llamo Estación Biológica Alfa porque asumo que algo vive, ha vivido o va a vivir en ella”, decía. La anomalía, localizada a 71 49′ 19,73″ N y 29 33′ 06.53″ O, tenía más de 200 metros de longitud y 50 de anchura, que parecía estar compuesta por módulos cilíndricos y que podía pertenecer a viajeros de otros mundos en camino a la Tierra o a la NASA. “Está claro que no es una roca”, sentenciaba.

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Con la velocidad propia de Internet y el nulo escepticismo habitual, algunos medios se hicieron eco el sábado del hallazgo de Martines, recordando cómo desde mediados de los años 70 se especula en círculos paranormales sobre la existencia de ruinas alienígenas en el planeta rojo. Prácticamente todo el mundo conoce lla famosa cara de Marte, fotografiada por el orbitador de la Viking 1 en julio de 1976. Lo que no hicieron hace cuatro días algunos de mis colegas, no vaya a ser que fastidiara la historia, es recordar que imágenes de la región marciana de Cydonia captadas por la Mars Global Surveyor, en 1998 y 2001, y por el Mars Reconnaissance Orbiter, en 2007, demostraron que la esfinge tenía su origen en la baja resolución de la foto original. Y lo mismo pasa con las pirámides y otros edificios descubiertos en Marte: que están ahí porque nuestro cerebro los ha puesto ahí a partir de imágenes en las que no hay nada artificial.

La existencia de la Estación Biológica Alfa había sido explicada racionalmente cinco días antes de que ciertos medios españoles empezaran a decir bobadas. “Parece un artefacto producido por un rayo cósmico”, adelantó el 5 de junio Alfred McEwen, geólogo planetario de la Universidad de Arizona e investigador principal de la Cámara de Imágenes de Alta Resolución (HiRISE) de la Mars Global Surveyor. “En las fotos que se toman fuera de nuestra atmósfera, tal como sucede con las imágenes de los telescopios orbitales, es muy habitual este tipo de impactos de rayos cósmicos”, añadió el experto, quien lamentaba no saber cuál era la imagen original. Explicó, además, que los rayos cósmicos son partículas subatómicas de cuyo bombardeo nos protege la magnetosfera terrestre y, cuando uno impacta en el sensor de una cámara de un ingenio espacial, puede dejar una raya brillante en la foto resultante. Luego, el software de compresión digial que convierte la imagen en un archivo JEPG da a esa raya un aspecto pixelado y ya tenemos base alienígena.

Las pruebas

La explicación de McEwen no ha sido del agrado de los amantes del misterio. Así, el investigador paranormal Stephen Wagener, miembro de los Cazafantasmas del Centro de Nueva York, decía el 5 de junio que el objeto parecía algo raro, pero añadía que hay que tener en cuenta que ya Google Earth “es propenso a las anomalías aquí y allá, mostrando artefactos que realmente no existen”. Sin embargo, anteayer reiteraba que lo que se ve en la imagen “parece artificial” y se mostraba molesto porque McEwen dijera que se trata del efecto del impacto de un rayo cósmico en la cámara que tomó la imagen. “El científico no ofrece más pruebas que Martines”, sentenciaba.

No. El astronauta de sillón David Martines, y quienes le respaldan, son los que tendrían que demostrar que en Marte hay algo tan fuera de lugar como una estructura artificial. Lo que McEwen dijo, a partir de la foto de Google Earth, es que le parecía que se trataba de algo habitual: el impacto de un rayo cósmico en el sensor de una cámara. Y, además, hay pruebas concluyentes en ese sentido, en contra de lo que sostiene el mal informado Wagener. La foto original fue tomada por la Mars Express, según descubrió y publicó hace diez días -¡seis antes de que algunos medios españoles se tragaran el falso misterio!- un participante en un foro de abovetopsecret.com. Ese mismo comentario, que pueden leer pinchando en la imagen de la derecha, contiene una detallada e ilustrada explicación de cómo, a partir de la raya del rayo, la informática acabó generando la Estación Biológica Alfa.

No, no existen edificios en Marte. Quienes dicen lo contrario son chiflados y charlatanes, y, cuando un periodista les hace eco es porque no ha hecho su trabajo y se ha limitado al arte de copiar y pegar, adjetivar aquí y allá, y firmar. Y así nos va, claro.

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