TODOS CONTRA SUSANA VILLARAN

por  Pedro Salinas:

Es el nombre del nuevo juego. Que es en realidad algo así como una práctica antropófaga. O una costumbre criolla, que también. O un tic. Tumbémonos a la Caperucita Roja. ¿Por qué? Porque sí. Porque es roja. Porque en seis meses no ha hecho nada. Porque no tiene autoridad. Porque es incompetente. Y encima, también es verde. Algo ya inconcebible, digamos. ¿Y cómo hacemos? Revoquémosla. ¿Y cómo se hace eso? Recolectando firmas. ¿Cuántas? Cuatrocientas mil. ¿Y después qué? Se le vaca. ¿Y luego? Asume Eduardo Zegarra. ¿Pero no era que Zegarra es más rojo que la Villarán y hasta el propio Darth Maul? Sí, pero después igual lo revocamos. ¿Y eso qué supone? Recolectar más firmas, invertir más tiempo y más plata. Y así.
Lo curioso es que esto lo alientan apristas, simpatizantes de Solidaridad Nacional, y hasta el propio Luis Castañeda. “El pueblo la puso, el pueblo la puede sacar”, ha dicho Míster Comunicore.

La lógica perversa en esta maquiavélica historia apunta, aparentemente, a revocar de sopetón a toda la lista de Fuerza Social. Con ello, de lograrse este cometido, quedaría como alcalde interino el regidor Guillén, del grupo político de Lourdes Flores. Y luego se convocaría a elecciones complementarias dentro de los noventa días siguientes a la revocatoria. De esta manera, Castañeda podría ser candidato, y, de ser elegido, retornar a la municipalidad, para fruición de Fabiola Morales y su combo, quienes deben estar frotándose las manos como moscas angurrientas después de haber concebido este plan. Bueno. Que los enemigos de la alcaldesa reclamen la revocatoria no es algo que extrañe, la verdad. Pero que el mismísimo Castañeda lo haga, me parece, además de un gesto muy conchudo y desvergonzado, de muy mal gusto. Digo.

Porque si recordamos lo que hizo el anterior burgomaestre en sus primeros seis meses de gestión fue: NADA. Para decirlo en formato de resumen ejecutivo, y así, con mayúsculas y luces de neón: NADA. Ene, a, de, a. NADA. ¿Ho capito? Aunque para ser honestos, algo hizo y dejó de hacer, como ha recordado Diego Grados en Diario16.

A saber: Desechó el Informe Bratton. Y a partir de ese instante histórico, Castañeda Lossio nunca más se preocupó por el tema de la seguridad ciudadana. Nunca más. Acusó a Alberto Andrade de dejarle millonarias deudas, sin exhibir una suela prueba. Ni una. Suspendió la Bienal de Lima. Permitió que los ambulantes formando hordas regresaran al mercado Central y al Barrio Chino. Cambió de lugar la estatua de Pizarro al parque de la Muralla sin consultarle a nadie y con los argumentos más delirantes y lisérgicos que se hayan escuchado por parte de un alcalde de la ciudad de Lima. Se dedicó a perseguir meones como si se tratase de la novena cruzada. Y punto.

En cambio, en el mismo tiempo, Villarán ha instalado el Comité Metropolitano de Seguridad Ciudadana; ha creado puestos de auxilio rápido en el Cercado; ha renegociado el contrato con la empresa a cargo de la Línea Amarilla para que el 7% del peaje lo reciba el municipio (la gestión anterior cedió todo el peaje); ha dado a conocer la auditoría del caso Comunicore (que destapó este diario); ha iniciado el programa Adopta un árbol para fomentar las áreas verdes; ha aprobado un presupuesto de 200 millones par el proyecto de la Costa Verde; ha inaugurado dos Hospitales de la Solidaridad (los que, según la contracampaña electoral, iban a desaparecer); ha iniciado la ampliación y remodelación de obras de infraestructura vial en diferentes sitios de la capital; ha recuperado la ciclovía de la avenida Arequipa los días domingos; entre otras cosas, que no son moco de pavo.

Ahora, es cierto, el tráfico sigue siendo insoportable, la delincuencia continúa y los problemas de Lima en su conjunto son agobiantes todavía. Sí, pues. Apenas tiene seis meses en el cargo. Pero ya hizo más de lo que Castañeda exhibió en su momento. Si no somos capaces de ver esto, por lo menos apreciemos que esta alcaldesa está tratando de establecer un estilo decente y transparente de hacer las cosas. Dos virtudes que no suelen verse juntas. Mejor dicho, que no suelen verse en nuestros políticos. Y eso ya es un huevo, o sea.

fuente:   lamula.pe

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