La próxima guerra de EE.UU.: Irán

La política de EE.UU. hacia Irán no se basa en “inteligencia”, defectuosa o no; se basa en el deseo de dominar una región geo-estratégica.

“Existe considerable de evidencia, que incluye parte de las evaluaciones más confidenciales de inteligencia de EE.UU., que sugieren que EE.UU. podría estar en peligro de repetir un error similar al que se cometió con el Iraq de Sadam Hussein hace ocho años – al permitir que inquietudes sobre las políticas de un régimen tiránico deformen nuestras consideraciones sobre las capacidades e intenciones de ese Estado”.

Cuando termines  de leer  encontraras dos videos del enbajador de iran  Mohammad Hassan Ghadiri

Seymour Hersh sobre la posibilidad de un ataque de EE.UU. contra Irán,

Democracy Now, 3 de junio.

Seymour Hersh es probablemente el periodista investigativo mejor conocido en EE.UU. en la actualidad. Reveló la historia de la masacre de My Lai en Vietnam en 1970 y ayudó a sacar a la luz el escándalo de la prisión de Abu Ghraib en Iraq en 2004. Estos y otros artículos críticos de acciones del gobierno de EE.UU., y una red de conexiones dentro del Estado de seguridad nacional, han convertido a Hersh en un personaje al que se escucha en los círculos progresistas y más allá.

Desde 2005, un inminente ataque militar de EE.UU. contra Irán ha sido un tema central en muchos artículos de Hersh. Este tema se repite en su último artículo para la revista New Yorker: “Irán y la bomba: Hasta qué punto es real la amenaza”. En el artículo señala correctamente que, contrariamente a las afirmaciones de EE.UU., no existe evidencia de que Irán esté desarrollando armas nucleares, pero advierte sobre un ataque de EE.UU. siguiendo las mismas líneas de la invasión de Iraq en 2003.

Algunas de las predicciones anteriores de Hersh sobre una acción militar de EE.UU. contra Irán han sido bastante específicas sobre la fecha escogida. Ninguna ha resultado ser exacta. Gran parte de sus escritos sobre EE.UU. e Irán se han basado en información de “personas informadas” del Pentágono y de otras fuentes de agencias de inteligencia, a las que elogia frecuentemente. En ese sentido, hay que preguntar: ¿Utiliza el escritor a sus fuentes, o es utilizado por ellas?

Otra pregunta: ¿Cómo podrían los militares de EE.UU., que ya están empantanados en las guerras de Iraq y Afganistán, emprender otra guerra, contra Irán, un Estado mucho mayor y más fuerte?

No cabe duda de que el gobierno de Obama, como su predecesor, busca un cambio de régimen en Irán. Ha estado utilizando una variedad de métodos, para contener, dividir y subvertir a Irán mediante sanciones económicas, operaciones clandestinas y el cerco del país por el poder militar de EE.UU. Washington apoya vigorosamente al “Movimiento Verde” en Irán, que tiene una base masiva sobre todo dentro de la clase alta y media.

También se libra una guerra psicológica, como otro aspecto de la campaña de cambio de régimen. ¿Hay unidades de guerra psicológica que estén suministrando desinformación a Hersh que debido a su credibilidad será leída por muchos, incluida la dirigencia iraní?

La guerra de Iraq: No fue por ‘error’ basado en ‘mala inteligencia’

En “Irán y la bomba”, Hersh refuerza una falacia fundamental sobre el motivo por el cual EE.UU. invadió y ocupó Iraq en 2003: es decir, ‘mala inteligencia’.

Expresa preocupación de que dirigentes de EE.UU. puedan estar a punto de repetir el “error” que llevó a la invasión de Iraq, y sugiere que el “error” fue causado porque “se permitió que inquietudes sobre las políticas de un régimen tiránico deformaran nuestros cálculos sobre las capacidades militares e intenciones de ese Estado”.

La idea de que la invasión de 2003 fue un error basado en información de inteligencia defectuosa ha sido totalmente desacreditada.

EE.UU. ha realizado una Guerra de Veinte Años contra Iraq, con una variedad de pretextos. El gobierno de George H.W. Bush lanzó la primera guerra de EE.UU. contra Iraq en 1991 para “liberar Kuwait”. Iraq había ocupado Kuwait el 2 de agosto de 1990, después de una larga y amarga disputa entre la familia real al-Sabah y el gobierno iraquí. En la breve guerra que siguió, EE.UU., Gran Bretaña y otras fuerzas aliadas destruyeron gran parte de la infraestructura civil de Iraq e infligieron masivas pérdidas a un ejército iraquí excedido.

Washington pasó luego a imponer un devastador bloqueo y sanciones contra ese país, que mató a más de un millón de iraquíes durante 13 años. El bloqueo fue mantenido por el gobierno de Clinton durante todo su mandato, de 1993 a 2001, durante el cual Iraq fue sometido a constantes bombardeos por aviones estadounidenses y británicos. La supuesta razón para ese mortífero bloqueo fue obligar a Iraq a renunciar a sus “armas de destrucción masiva”.

En 1998, Clinton firmó la “Ley de Liberación de Iraq”, que convirtió el “cambio de régimen” en objetivo oficial de la política de EE.UU. La LLI aclaró que el verdadero objetivo de las sanciones y los bombardeos era el derrocamiento del gobierno iraquí.

El cambio de régimen fue el “Tópico A” de la primera reunión del Consejo de Seguridad Nacional del presidente George W. Bush el 30 de enero de 2001, según el secretario del Tesoro de entonces, Paul O’Neill: “Desde el principio, existió la convicción, de que [el antiguo presidente iraquí] Sadam Hussein… tenía que irse”. (Entrevista con O’Neill, 60 Minutes, 11 de enero de 2004)

La pretendida amenaza de armas de destrucción masiva por parte de Iraq fue un fraude total, como sabían perfectamente los máximos funcionarios estadounidenses y británicos y sus agencias de espionaje. A pesar de todo, en la preparación para la invasión de Iraq en marzo de 2003, el vicepresidente Dick Cheney, la Consejera Nacional de Seguridad, Condoleezza Rice y el primer ministro británico Tony Blair hicieron repetidamente declaraciones a los medios sobre la grave amenaza de las supuestas armas nucleares de Iraq: “No queremos que la prueba concreta [de la posesión de semejantes armas por Iraq] sea un hongo nuclear”, dijo Rice en septiembre de 2002.

Después que Iraq fue ocupado en abril de 2003, Bush, Blair y otros funcionarios fingieron sorpresa y consternación cuando no aparecieron armas de destrucción masiva, pero sus actos fueron apenas convincentes.

De nuevo cambiaron de velocidad. La defensa de los “derechos humanos y la democracia” se convirtió en la nueva justificación para una ocupación que ya ha durado ocho años, ha matado más de un millón de iraquíes y a miles de soldados estadounidenses, y asolado el país.

Nada de esto –las invasiones, los bombardeos y los bloqueos– tuvieron nada que ver con “inquietudes” por “las capacidades y las intenciones” de Iraq”. Iraq nunca amenazó a EE.UU. Sus fuerzas armadas fueron diezmadas por la primera guerra del Golfo de EE.UU. y habían sido reducidas a entre 15 y 20% de su fuerza en 1991 cuando estalló la segunda guerra.

“El Memorando de Downing Street” muestra que la ‘inteligencia’ fue amañada para apoyar la política

El argumento de que “la falla de la inteligencia” causó la invasión estadounidense y británica de Iraq recibió un golpe fatal cuando se publicó el “Memorando de Downing Street” en mayo de 2005. El memorando es en realidad el protocolo de una reunión de Blair y otros máximos funcionarios británicos en la residencia del primer ministro en Londres el 23 de julio de 2002, casi ocho meses antes del comienzo del ataque contra Iraq.

En la reunión, Richard Dearlove, jefe del MI6 británico, el Servicio Secreto de Inteligencia, informó sobre una reunión a la que acababa de asistir en Washington con altos funcionarios de la seguridad nacional de EE.UU.: “Bush quería eliminar a Sadam, mediante acciones militares, justificadas por la combinación de terrorismo y armas de destrucción masiva. Pero la inteligencia y los hechos habían sido amañados alrededor de esa política”. (DowningStreetMemo.com)

En otras palabras, lo que llevó a la invasión y ocupación de Iraq no fue inteligencia defectuosa o mala información. Primero se tomó la decisión de lanzar una nueva guerra y luego se inventó una historia falsificada para justificar el ataque.

No existe ningún misterio sobre lo que ha impulsado la implacable guerra contra Iraq, las sanciones y amenazas contra Irán, y que se haya cubierto toda el área con bases militares de EE.UU. El objetivo ha sido la dominación de una región estratégica clave que contiene dos tercios de las reservas de petróleo conocidas del mundo.

En su intento de lograr ese objetivo, la política de EE.UU. durante las últimas seis décadas ha tratado de destruir todo Estado independiente o movimiento progresista, mientras refuerza los regímenes más retrógrados y agresivos en la región, desde Arabia Saudí a Israel.

El verdadero “crimen” de Irán a los ojos de Washington no tiene nada que ver con “democracia” o con un supuesto programa de armas. Es que Irán se niega a aceptar los dictados del Imperio.

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